Rapidas
Patatas salteadas con romero y ajo crujientes

🧺 Ingredientes
Las cantidades se recalculan solas. La receta está escrita para 4.
- 800 g de patatas pequeñas o de guarnición
- 4 dientes de ajo
- 2 ramas de romero fresco
- 50 ml de aceite de oliva virgen extra
- 20 g de mantequilla, opcional
- Sal gruesa
- Pimienta negra recién molida
- 1 cucharadita de pimentón dulce, opcional
- 1 cucharadita de zumo de limón, opcional
- Perejil fresco picado, opcional
👩🍳 Paso a paso
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Empezamos lavando muy bien las patatas bajo el grifo. Si son pequeñas y tienen la piel fina, las dejamos con piel, porque aportan sabor y ayudan a que mantengan mejor la forma. Dependiendo del tamaño, las podemos cortar por la mitad. Si usamos patatas grandes, las pelamos y las cortamos en dados medianos, procurando que todos tengan un tamaño parecido.
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Ponemos una olla con agua y sal al fuego. Añadimos las patatas y las cocemos durante unos 15 minutos, hasta que estén tiernas, pero no deshechas. Deben ofrecer un poco de resistencia al pincharlas, porque luego terminarán de cocinarse en la sartén.
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Escurrimos las patatas con cuidado y las dejamos sobre una bandeja o un paño limpio durante unos minutos. Este paso es importante: cuanto más secas estén, mejor se dorarán. Si las echamos húmedas a la sartén, empezarán a cocerse con vapor y nos quedaremos sin ese exterior crujiente que buscamos.
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Mientras se secan las patatas, preparamos los aromáticos. Lavamos el romero, lo secamos y separamos algunas hojas. Aplastamos los dientes de ajo con piel usando la hoja de un cuchillo, sin picarlos demasiado, para que perfumen el aceite sin quemarse tan rápido.
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Ponemos la sartén de acero Fissler al fuego medio-alto y la dejamos calentar bien. Para comprobar el punto, podemos echar una gota de agua: si forma pequeñas bolitas que se mueven por la superficie, la sartén está lista. Secamos esa gota si queda algo de humedad y añadimos el aceite de oliva.
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Incorporamos las patatas en una sola capa. Si no caben cómodamente, las hacemos en dos tandas. Amontonar patatas es una forma muy rápida de pasar de salteado crujiente a patata triste, y no hemos venido a eso.
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Dejamos que las patatas se doren sin moverlas durante 2 o 3 minutos. Este reposo permite que se forme costra en la base. Después las giramos con una espátula, mejor de madera o silicona resistente, y seguimos dorando por varias caras.
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Añadimos los ajos aplastados y el romero cuando las patatas ya tengan algo de color. Si los ponemos desde el principio, el ajo puede quemarse y amargar. Bajamos un poco el fuego si vemos que la sartén está demasiado fuerte.
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Salteamos durante 8 o 10 minutos más, moviendo las patatas de vez en cuando. No hace falta remover sin parar. Queremos que cada lado toque la sartén el tiempo suficiente para dorarse bien.
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Si usamos mantequilla, la añadimos al final, cuando las patatas ya estén casi listas. Dejamos que se funda y movemos la sartén para que se mezcle con el aceite, el ajo y el romero. La mantequilla aporta sabor y ayuda a que la superficie quede más brillante.
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Salpimentamos al gusto. Si nos apetece, añadimos una pizca de pimentón dulce fuera del fuego y mezclamos rápido para que no se queme. También podemos terminar con unas gotas de zumo de limón, que dan frescor y equilibran la grasa.
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Retiramos los dientes de ajo si están muy tostados o los dejamos en la fuente para quien quiera pelarlos. Espolvoreamos perejil fresco picado si nos gusta. Servimos las patatas calientes, recién salteadas, porque es cuando están en su mejor momento.
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El resultado son unas patatas doradas, aromáticas y con ese punto crujiente que hace que desaparezcan antes de llegar al segundo plato. Sacadlas a la mesa sin mucha ceremonia, pero con una advertencia: conviene reservarse alguna antes de que empiece el “yo solo pruebo una”.
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Antes de empezar, hay que hacer las paces con la sartén de acero. No se comporta como una antiadherente, pero a cambio dora de maravilla y aguanta temperaturas altas. La Fissler Original-Profi conserva bien el calor y está fabricada en acero inoxidable robusto, con base pensada para una distribución eficiente del calor.
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El primer truco es cocer las patatas solo hasta que estén casi tiernas. Si las cocemos demasiado, se romperán al saltearlas. Si se quedan muy duras, tardarán más en dorarse y corremos el riesgo de quemar el ajo antes de que la patata esté lista.
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El segundo truco es secarlas bien. La humedad es enemiga del dorado. Después de escurrirlas, las dejamos unos minutos extendidas para que pierdan vapor.
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El tercer truco es no moverlas demasiado pronto. Cuando la patata toca la sartén caliente, necesita tiempo para formar costra. Si intentamos despegarla enseguida, se rompe y se pega más.
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También importa no llenar la sartén en exceso. Mejor dos tandas bien doradas que una sola tanda apelmazada. En una sartén de 28 cm caben bien unas 700 u 800 g de patata si están en trozos medianos, pero si vemos que se montan unas sobre otras, dividimos.
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Si queremos convertirlas en plato único, añadimos un huevo poché, un poco de jamón o una cucharada de alioli casero.
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Podemos hacer una versión con pimentón y ajo, más cercana a las patatas de tapeo. Retiramos la sartén del fuego, añadimos pimentón dulce o picante y removemos rápido. Si el pimentón se quema, amarga, así que aquí no conviene hacerse el valiente.
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También quedan muy bien con tomillo en lugar de romero. El tomillo tiene un aroma más suave y combina especialmente bien con pollo, conejo o pescados al horno. Podemos usarlo fresco o seco, aunque con el seco hay que poner menos cantidad.
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Otra opción es añadir cebolla en juliana. La incorporamos cuando las patatas ya estén medio doradas y dejamos que se cocine junto a ellas. Queda una guarnición más melosa, menos crujiente, pero muy sabrosa.
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En muchas cocinas europeas existen versiones parecidas de patatas salteadas con hierbas. En Francia aparecen como pommes sautées, en Alemania son habituales las bratkartoffeln y en España las hemos llevado a nuestro terreno con ajo, aceite de oliva y hierbas del monte.
Esta receta sencilla convierte la papa común en un acompañamiento aromático crujiente por fuera y tierno por dentro.
Por qué importa
- Dominar esta técnica te da un acompañamiento versátil para carnes, pescados, huevos y verduras sin complicarte en la cocina.
- La combinación de cocción previa y salteado con aceite caliente garantiza textura perfecta sin necesidad de horno ni frituras pesadas.
Contexto
Ingredientes: papas (cantidad según comensales), aceite de oliva, romero fresco, ajo, sal. Preparación: 1) Lava y pela las papas, córtalas en cubos medianos. 2) Cuece las papas en agua con sal hasta que estén tiernas pero firmes, aproximadamente 15-20 minutos. 3) Escurre bien y seca las papas con papel absorbente o un paño limpio (este paso es clave para que queden crujientes). 4) Calienta aceite de oliva en una sartén a fuego medio-alto. 5) Agrega las papas y saltea sin mover constantemente, deja que se doren. 6) Incorpora ajo picado y romero fresco picado en los últimos minutos. 7) Ajusta sal y sirve caliente. El secreto está en secar bien la papa cocida antes de saltear y usar aceite suficientemente caliente.
Lo que sigue
Prueba variaciones con tomillo, pimentón ahumado o un toque de limón al servir.
Tazas → gramos
Equivalencias de cocina, redondeadas. Para repostería fina, pesá.
El vino sin complicarte
Rosado seco, bien frío
Cuando no sabés por dónde va a ir la mesa, el rosado seco es la apuesta que menos se equivoca: tiene la fruta de un tinto y la frescura de un blanco, y no tapa nada. Servilo a 9 grados.
Sin alcohol: agua con gas, limón y mucho hielo.
Recomendación editorial, sin marcas ni puntuaciones. Consumo responsable. Prohibida la venta de alcohol a menores de edad.
Basada en ABC · Recetas de Rechupete, con receta y texto propios.


